Cuando era más chico, tampoco me gustaba el mezcal, como a opoch.
Creo que en esos días fue cuando más tragos probé: rones baratos, presidente, charanda, alcohol, cervezas de $2.°°, posh, chicha, y una variedad inquietante de mezcales que aún pienso extender; el pulque fue más tarde, con el whisky.
A solas, unos cuantos mezcales de gusano sirvieron para dejarme durmiendo mientras la grabadora se revolvía inquieta por las puertas abiertas de la madrugada.
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