jueves, octubre 25

domingo

Recojo los restos del naufragio:
mi habitación es el mar silencioso que me draga las horas,
no hay maderos ni botes salvavidas
ni costa
ni pecho de mujer esperando
el arribo de mi cuerpo
para arrullarlo
como se arrulla a un canario moribundo.

Excepto las del monitor que reposa en la sala,
sólo mi voz llena las esquinas de esta casa.

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