Recorro un calabozo sin mucha prisa. Miro como los otros acumulan cartas que luego se irán tornando recuerdos en sus manos.
No soy dios, sin embargo arrojo los dados.
En un cuarto sin luz se cocinan los restos de la sangre.
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La plaza central es un hormiguero. Santa Cecilia debe estar por echarse a dormir mientras los devotos de su nombre se llenan los pasos de baile y la garganta de cerveza.
Sentados en corro bebemos cerveza oscura. De pronto dejan caer los cortineros que sostienen la noche y amanece.
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