No quiero despertar, estirar los huesos bajo el sudario para salir a las calles a buscarme excusas para caer sobre el barro que ya secó el sol.
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La tarde se llena de nubes, mi pecho de tedio.
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Las estrellas me vigilan mientras marco siete dígitos sin mucha convicción. Al otro lado de la línea un hombre se excusa y termina de mal humor.
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