Calle Bravo estaba llena de niebla a esa hora de la madrugada, también la carretera que lleva a mi casa.
Sentado en una banca de madera dejo amanecer a mis espaldas. Desde los árboles los cuervos me escuchan las mentiras y uno que otro juramento.
Esta noche tampoco cerraré los ojos para que vengan a corretearme los sueños como a un ladrón.
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