martes, noviembre 13

viernes

En la cancha de la 26 todos mis viejos profesores estaban ebrios. Entre los escombros, un duende buscaba comida.
En el corazón del bulevar encontramos a Serafín.

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Algunas cervezas y el paso de aves de mal agüero por viejas discotecas más tarde nos dejaron en el Dos de oro.
Mientras todos abrazaban a un amor que se iba a apagar apenas amaneciera, me devolví el bulto del cuerpo a la camioneta.
Junto a una rockola una mujer lloraba por sus hijos.

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