Un timbrazo me transporta al depósito.
Horas después, en un billar solitario, seguimos vaciando envases. Las mesas se han desocupado varias veces desde que llegamos.
En Acatlán, un golpe en el rostro de Pablo parece cerrar la noche.
Bastante entumido camino hacia mi casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario