Llego tarde al reparto del hambre.
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En el trasero de una camioneta mi abuelo viaja rumbo a una ciudad que no quiere, pero tampoco sabe cómo dejar de extrañar. En sentido contrario viaja su muerte.
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Bastante noche ya y mirando box por tv, el chino se duerme y sueña con un par de labios distintos a los de su mujer.
Mi chamarra se quedó bailando con los borrachines, creo que para siempre.
Atrás quedaron vacías en una pila colosal las botellas de tequila.
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