martes, noviembre 27

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En Los Faroles me aburro escuchando la farsa de las preguntas y respuestas.
Una mujer que sospecho mentirosa, llora ante el micrófono.
Después de la comida, nadie recordó el pronunciamiento que, con perdón de la aliteración, propuso un tal Noé, fanático de El Quijote.
Otro hombre, también hábil oficiante de la mentira, toma fotografías y se molesta con todos. Cuando trata de huir, su auto se decide por la inmovilidad.

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En el refrigerador pongo a descansar los dos platos de comida hurtados.
También ahí descansa una docena de cervezas.

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