Ebrio abro los ojos; maldiciendo ato las cajas en que viajarán los últimos vigilantes de un muerto que desconozco.
Ebrio camino por calle Guerrero hasta encontrar una cerveza
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Bastante suave piso las cercanías de una jaula deshabitada.
El whisky del mariachi se desliza por mi cuerpo como una sombra relajante.
Mientras los terrenos baldíos se llenan de gallos muertos un aroma de manzanilla llena las paredes de esta bodega llena de apostadores, pero nadie parece darse cuenta de ello.
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Cuando desperté del camino, mi casa estaba ya a tres cuadras de distancia.
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