Tarde llegué al incumplimiento del deber, pero cómodo en el asiento trasero de un taxi.
En la mitad del camino, unos hombres vestidos de verde nos detuvieron para confiscar las drogas que no traíamos.
Descendiendo del taxi dos horas después como un doncel hacia el laberinto cretense, escucho mi nombre resonando en la garganta de un ozesno que corre hacia mí.
--
Por la noche me hundo en un bar de cervezas, uno a uno, los amigos se multiplican; nunca conocimos al enemigo
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario