Bajo un techo acortinado y dentro de la garganta atesoro un líquido amargo. En las calles los hombres son fuegos de artificio, las mujeres música estridente revolviendo los deseos y el sueño; resbalan por los puentes los besos de los olvidados amantes, la friolenta cópula de los perros, las risas del convento de la bilis. Todo se va por el río desperdigado y flaco.
La chica de la barra no sonríe.
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En alguna esquina llena de luces neón patean a mis amigos borrachos.
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