sábado, diciembre 29

sábado

Aún resintiendo los besos del tequila levanto el cadáver de mi cama, lo subo a un colectivo con rumbo a Tixtla y lo bajo tres cuadras después del destino.
Cuco escurriéndome por el silbido paso a paso busco un sitio de taxis.
Resacoso y a pie Tixtla es un pueblo amable: nadie me molesta con sus miradas.

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Otra habitación llena de aplausos; entrego a prisa la correspondencia y salgo sin probar bocado.
En el crucero un hombre palidece mientras los milicos le registran la calma.

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Primero vino una cerveza. En Atliaca el mezcal le reinventó el sabor a nuestra tarde. Sólo recuerdo fragmentos de lo demás.

En algún momento llegó la furia a revolverme los nervios y salí corriendo.

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