martes, diciembre 4

sabado, 1

Cuando estaba a punto de bucear en el refrigerador buscando más cerveza, cambiamos de barco. En el sillón V duerme, bastante borracho. En su casa Joselo se revuelca herido de resaca, toma el teléfono, y le dice a su interlocuor que no quiere caminar.
Gabo recuerda sus días en Sinaloa, Jaime lo escucha. Yo destapo otra cerveza.
Ninguno de nosotros tiene hambre, pero nos quedamos un rato platicando con la sala.

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En El Coyote nos alcanzan el güero y el chino. Salimos un rato, el polvo me irrita la nariz. Lupita también anda por ahí.
La chica mala ríe con nosotros, nos invita a su pueblo.
Cuando la música termina, salimos huyendo por las escaleras.
A la salida del segundo bar caminamos rumbo a una vieja cantina, pero un poco más lejos.

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Barrilito en mano, mientras avanza la camioneta miro un amanecer lleno de nubes y destellos amarillos.
Quisiera quedarme aquí, por siempre amaneciendo mientras viajo borracho hacia mi celda.

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