miércoles, diciembre 12

sabado

Quien se detenga a observarme los gestos dirá: ahí tienen a una fiera enjaulada. Pero nadie se detiene a mirar cómo doy vueltas en esta jaula enorme y elegida por mis pasos mientras espero la música de los amantes.
El suelo se llena de pasos, y estos, de polvo, el ambiente que no sabe más que de trinos y sofocadas respiraciones, está lleno de murmullos, carcajadas, gritos, besos, saltos, asaltos, tintineo de monedas, música, chirriar de máquinas, combustión de gases, también del ruido que hace una cerveza al ser servida en vasos de unicel.
Cuando la gente huía, encontré a Padilla, y nos fuimos a brindar por las orillas del ruido, que era donde más ruido había. Luego caminando llegué al bulevard EA y me senté a esperar un taxi o el amanecer a solas.

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