Los gritos en el patio me llevan a una casa olorosa a comida y mezcal. Sentado a la mesa me parece que te vuelvo a hallar, espejismo.
Ése era tu nombre para la aurora, ése es tu nombre para el futuro, el denominador único, absoluto, de tus carnes y tus ronroneos de fuego.
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Los gallos cantan antes de ser atrapados por el filo de otra navaja; en un rincón se apilan, desconocidos y hermanados en el desprecio que se otorga a los utensilios muertos.
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