martes, julio 8

convento de la bilis

Un hombre rodea la mesa hasta llegar a mí. Extiende la mano, temeroso, sucio. Algo masculla mientras decido entre escribirte un mensaje o aguantarme las ganas; arrieros somos, dice agradecido antes de volver a la barra, cerca de la entrada.
Todo él me recordó a mi padre.

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