En la plaza me florecieron como hongos los recuerdos.
Entrar a Chilapa era una promesa sombreada
todo distinto sin la aridez que ahora abraza sus calles.
Cuando todos se marcharon subí algunos escalones, sin hallar pastillas para el sueño.
Llegando a casa me encierro a mirar la formación de las imágenes.
Luego miro una película con sabor de apocalipsis,
cuando termina salgo al patio a orinar,
el cielo está despejado y las estrellas brillan parsimoniosas.
De pronto huele a noviembre.
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