En una sala incómoda escucho atento las palabras de un hombre encanecido. Las horas se escurren mirando el desfile de palabras y consejos y criticas hacia los tres comendadores.
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De taxi en taxi busco un disfraz para la noche. Mi estómago se queja. En una esquina lejana hay hombres bebiendo cerveza a la luz del futbol, sus novias facilitan las risas; en este departamento desordenado destapo la segunda botella de vino, y le doy la bienvenida a Cuco Sánchez.
Me he quedado sin amigos.
A punto de dormir siento a la muerte rondando mis pulmones, tardo horas en conciliar el sueño.
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