Casi a oscuras escribí mis promesas de amor, casi descompuestas. Caminando a casa me quedé varado frente a una camioneta averiada. Años-luz más tarde llegó un borrachín de lágrima fácil y abundantes mentadas de madre a hacernos reír.
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Esperaba entrar de nuevo a la guarida donde jugabas baraja la noche anterior. Pero tampoco quería hacerlo.
En otro bar de muerte menos mala el frío me ciñe el pecho, como un abrazo inevitable.
Acodados en la mesa todos esperan a la siguiente mujer desnuda, yo sólo quiero dormir.
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